Aquí, cada pieza tiene una voz.
Encuéntrala y escucha.
Aquí, cada pieza tiene una voz.
Encuéntrala y escucha.
La jirafa cajón, que los amigos llaman cajirafa, lleva todos los día el correo por la selva. No para ni un segundo y deja caer cartas y paquetes por todo el reino animal. Cuando de noche termina su tarea, y su cajón está vacío, se encierra en un armario para descansar. Y duerme feliz y sueña que juega con cajones-ratones y cojines-puercospines.
Este pajaro de tamaño mini, que pertenece a la familia de los loritos cotillatolis, se coloca siempre en la parte más alta de algún objeto alto. Es muy sigiloso y observa con atención todo lo que le rodea. Si nota algo sospechoso emite un extraño sonido parecido al de un pingüino resfriado y si no… sigue observando y escuchando. Si pudiera hablar cuantas cosas nos contaría.
Tuve que pedírselo de todas las maneras posibles: -Colibrí de plata, quédate parado para poder ver tu bonita cola, hazme ese favor… – Al final él aceptó y como es un colibrí de fiar (o de piar?…) se ha tomado muy en serio mi petición. Ahora está allí parado como una estatua. Pero no os confiáis; de un momento a otro puede ponerse en movimiento y de él solo quedará un fugaz resplandor, algo como una sonrisa que se mueve por el aire.
La Tortucaja es una tortuga recolectora de fruta. Suele colocarse debajo de un árbol y esperar, con paciencia de tortuga, que caiga un fruto maduro. Y cuando eso pasa, se da la vuelta rápidamente (os asombraría su rapidez…) y atrapa en su barriga hueca el premio tan deseado… que puede ser una manzana, una pera, un melocotón y hasta una castaña (que dice le da muchas cosquillas…).
El pájaro pomo pescador no puede andar ni volar (tiene unas alas casi imperceptibles) y aprende desde muy pequeñito a tener la boca abierta, quedarse en la orilla del mar con el pico hacia arriba y esperar a que un pececillo desventurado salte dentro de su boca. ¿Y luego? ¿Se come al pececillo? Según… a veces sí y a veces no, porque este pájaro tiene un paladar muy exigente, no todos los peces le saben igual…
Un día me contaron una historia de lo más estrafalario: cuando una silla se cae al mar, algo que sucede más a menudo de lo que creamos, cada una de sus partes se convierte en pez. Existe el pez pata silla, el calamar reposabrazos, los pomos mejillones, me dijeron muy seriamente.
Yo entonces, que no me creía nada, contesté divertido: claro, como, no y también la manta-respaldo… ¿Será posible?
Y mirad ahora lo que me he encontrado… es mejor tomarse más en serio ciertas historias.
Los peces son redondos o puntiagudos, anchos o delgados, pero a veces (es un caso muy raro) nace un pez rectángulo. Es un pez que no tiene vida fácil en los mares porque es el único pez que conoce la geometría… y todos le piden ayuda para resolver problemas, le piden que mida distancias (de hecho en el mar la unidad de medir es el “pez rectángulo”… 1 pez rectángulo, 2 peces rectángulo… y así sucesivamente…), le piden que haga de regla para marcar lineas rectas perfectas y muchas cosas más.
Fue él quien se metió en la exposición… para esconderse de los demás peces y para tomarse un merecido descanso. Ahora está allí parado y tiene un aire mucho más relajado de lo normal. Parece estar de vacaciones…
Dicen que esta ballena, cuando todavía era un bebé, se perdió en el medio del oceano y sin saber a dónde ir, nadó hasta la costa más cercana. Allí la encontró una peculiar familia de focas de circo. En cuanto la vieron sola y desconsolada esas focas decidieron adoptarla. La ballena ha crecido fuerte y sana y ha aprendido a hacer malabares con pelotas de playa (que es la afición de la familia…) A veces, mientras nada por debajo de la superficie del mar, ve su reflejo en las algas y se pregunta como pudo, siendo una foca, crecer tanto… alguien tendrá que decírselo, antes o después.
Este pez linterna, como todos los peces linterna, vivía en las profundidades de los mares más profundos, allá donde no llega la luz del sol… pero un mal día se le cayó la bombilla y ya no podía ver a su alrededor, ni de lejos ni de cerca. No le quedó otra que ir subiendo hacia la superficie, dando algunos que otros tumbos por las rocas y chocando con toda clase de animales marinos. Cuando lo encontré le propuse ponerle una bombilla nueva para que pudiera volver a su casa, pero él dijo que ni en broma, que allí abajo no quiere volver… ahora comparte cueva con un pez globo y se llevan la mar de bien.
No todos lo saben, pero por el mundo hay flamencos muy tímidos que se esconden en los lugares más extraños. Este estaba escondido en un viejo paraguas… hasta que finalmente se armó de valor, salió de él y se dio a conocer al mundo. Ahora no hay quién lo pare, se ha convertido en modelo y viaja sin descanso, de desfile en desfile y de exposición en exposición.
A veces le hace una visita a su amigo, el cisne lata, y se pasa horas piando con él.
El pato tronco, que me gusta llamar Patronco (o Patronquito, si es pequeñito…), es un pato peculiar. Brota como un fruto del árbol de los patos.
Cuando se convierte en adulto hace un huevo con forma de bellota.
El huevo se planta en el suelo y en poco tiempo genera otro árbol de los patos.
Del árbol brota otro Patronco, que cuando se convierte en adulto hace un huevo que genera otro árbol de los patos… del cual brota otro Patronco, que hace otro huevo que genera otro árbol del cual brota otro Patronco, que genera otro árbol del cual nace otro Patronco… y así… así… así…
El cisne-lata tiene un sueño: vivir en una caja de música y bailar sobre la punta de su elegante pata hasta más no poder. (Es un secreto; me lo ha contado su amigo el Flamenco. Que quede entre nosotros…).
Mientras tanto él va ensayando y su pata se va alargando y los demás admirando la dedicación de este increíble pájaro encontrado.
Delgado como ningún otro, el gallo Silú es de una especie bien rara. Cuando sale el sol no hace QUIQUIRIQUIIIII… como los demás gallos, no señor; él emite un ligero silbido, tan sutil que no consigue despertar ni una hormiguita.
Lo han despedido de no sé cuantos gallineros por no cumplir con tan simple tarea.
Nosotros lo hemos adoptado, no hace falta que nos despierte cada mañana y tampoco hace falta que lo intente. De él nos gusta su esbelta figura y su discreta compañía.
El elefante enano del país Patamadera… es tan pequeño cuanto perezoso. A cada paso que da, suelta un largo bostezo moviendo la trompa leeeeentamente. Lo que le cuesta moverse, pero mucho de verdad… y no sabéis lo contento que está de que lo lleven de un sitio para otro sin que tenga que mover ni la cola.
El pájaro de cola roja es conocido también como pájaro pintor… porque usa su cola como si fuera una brocha… de hecho él tiene la cola roja porque el rojo es su color favorito… pero hay pájaros pintores de cola verde… de cola amarilla… de cola azul… cola bicolor…
¿Y qué pinta ese pájaro pintor? Está especializado en nidos pero a veces es contratado por ardillas que quieren reformar su árbol. Un día pintó un árbol entero de rojo, fue su obra maestra, pero los pájaros vecinos se quejaron porque llamaba demasiado la atención… y tuvo que volver a pintar el árbol, de color árbol…
¡Qué listón es este perro salchicha! Y perezoso como nadie… cuando ha decidido que no tiene ganas de hacer nada y no quiere que nadie le moleste, hace el pino pegado a la pared y cierra los ojos. Entonces nadie consigue verlo, parece un listoncillo de madera dejado allí por casualidad. Él se ríe, travieso, detrás de ese morro perruno hasta que alguien lo descubre y le hace cosquillas… que es su gran debilidad. Y se va, molesto, con pasitos cortos y cansados. Así es el perro salchicha listón.
Para ser un buen equilibrista, de esos que no caen ni delante de las peores provocaciones (yo mismo he probado a darle sustos gritándole al oído…), se necesita mucha concentración. No todos tienen semejante capacidad, no todos pueden estar horas, días, semanas en la misma posición. Se necesita un gran equilibrio para ser equilibrista. Hay que estar hechos de una madera muy especial.
Bailarina-bailistona: cuando un trozo de alambre desgastado se encuentra con un trozo de silla, abandonada por haber pasado de moda, pueden pasar varias cosas. Una de ellas es que nazca una bailarina cantarina. Como este ejemplar único. Sus piernas esbeltas le permiten ejecutar los saltos y las volteretas más elegantes mientras de su boca salen delicadas notas. Tan delicadas que el oido humano no las puede escuchar… pero si quieres acércate a ella e intenta averiguarlo, quizás tú lo consiga.
Un día el lagarto de lengua larga se despertó y encontró un mosquito atrapado en su lengua… a partir de entonces se pasa el día intentando comerse al mosquito, pero, como podéis comprobar, todavía no lo ha conseguido. No hay manera. Hasta se cuenta por ahí que los dos ahora se han hecho amigos y que por nada al mundo uno se comería al otro… pero vete tu a saber si eso es verdad o no.
De todos los pingüinos, este es el más pequeño. Le dicen… mini-pingüino… o pingüino de bolsillo…. O chiqui-pingüino… los amigos lo llaman pequii-pingüi… y a veces pingüi-pingüi… yo le llamo pingüi pong… su madre plin y plon… su primo pingüino piccolino… y su tía pingüino piccolon… Ay ¡qué fácil sería llamarlo por su nombre! Arturo, solo que él no tiene cara de un pingüino tan duro.
Que esas patitas tan planitas no os confundan. Patugo el forzudo puede levantar las pesas más pesadas y sin ninguna pesadumbre. Su gran fuerza le viene de su familia: su padre era pata de silla, su madre de sillón y su abuelo sujetaba una cómoda centenaria. Él empezó como pata de armario pero enseguida se cansó y se apunto a un circo. Ahora está de vacaciones con nosotros pero en cuanto alguien se le acerque, levanta las pesas y pone cara de gran esfuerzo… no lo puede remediar…
Inseparables son estos acróbatas de palo. Como carne y uña, huevo y gallina, trueno y relámpago, cuchara y tenedor… Practican todo el día, sin ninguna concesión. Porque es muy dura la vida del acróbata. Y qué lejos quedan esos días en que vivían en una gran cocina, nadaban por ollas y sartenes y relamían los manjares más sabrosos…
Siempre quiere tener razón este caballito de salón, y si por algún despiste lo cambias de habitación antes o después él volverá a su antigua posición. Hay que hacer atención y respetar su condición. Dejarlo al centro de la atención, porque su única ambición es suscitar admiración en todos los que tienen un gran corazón.
Gavi gaviota, nacido de una noble madera de una elegante cabecera, no suele dar mucha conversación a las demás gaviotas. Está siempre erguido, con aire altero, estatuario… Nadie se le acerca y nadie se le va a acercar… En realidad no tiene mal carácter, está solo esperando el momento, el hora, el día en que pueda volar.
Desde que era pequeñito todos se le acercaban y decían: tocamaderaleón… y le tocaban porque decían que traía suerte. Él no lo soportaba y siempre se quejaba. -Vale ya de tocarme, solo soy un camaderaleón, ni traigo suerte ni la quito, dejadme estar.-
No servía de nada. Seguían tocándole y él quejándose… hasta que se le acercó una guapa camaleoncita que le dijo to-ca-ma-de-ra-le-ón… y le tocó y él no se quejó… y sonrió… y se enamoró… que suerte tuvo el camaderaleón…
Este pájaro, que de carpintero tiene solo el nombre, tiene muy complicadas las relaciones sociales… De pequeño, en el cole, se quedaba con la cabeza fuera del aula, luego le prohibieron ir al cine porque solo se veía su sombra en la pantalla y ahora cuando alguien cuenta un chiste y todos se ríen, él mira desde arriba y no sabe que cara poner…
Menos mal que tiene buenos amigos y, a turno, uno le vuela alrededor y le cuenta todo al oído.
Es pequeño este soldadito romano pero no hay nadie en el mundo que se tome su profesión con tanta seriedad. Le encanta dar órdenes, pero también sabe recibirlas como un buen soldado. Y si le dices que se quede allí, parado y sin mover ni un párpado… entonces allí se queda hasta que no le des otra orden o, por el sueño quizás, se caiga rendido al suelo.
Los trapalecistas, que los expertos llaman trapecistas de palet, suelen entrenar escondidos entre palets de madera. Es casi imposible avistar uno. Pero Paluts, (así se llama…) un día salió de un montón de madera y me contó que quería romper el record mundial de volteretas con su trapecio. Y allí está… sin despegarse de la barra, concentrado, dando volteretas sin parar.
Por cierto, si lo veis muy cansado, dadle un empujoncito. Él no os dirá nada, pero se pondrá muy contento.
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